Cada vez que me siento delante del teclado tengo que decidir sobre lo que escribo hoy y no es fácil.
No es fácil porque son muchas las cuestiones que captan mi atención, unas más que otras, pero todas interesantes y curiosas para dedicarse durante un pequeño espacio de tiempo a teclear en una pantalla cuestiones que leen, cada entrada que publico, unas 17000 personas en todo el mundo.
No soy de fijarme en las estadísticas, pero me sorprende saber que tantas personas son capaces de detenerse a leer lo que un tío normal y corriente escribe en alguna parte del mundo.
Gracias por lo que me toca.
El tiempo pasa muy rápido, a veces parece volar. Tan pronto son las 8 am. como las 24 pm. y uno no ha sido consciente de que un día más la rutina lo ha ocupado todo.
Nos acostumbramos a la mecánica cotidiana rápidamente. Me despierto a golpe de sonido estridente y circulo camino del baño, medio atontado, recién salido del sueño más o menos reparador. La primera meada, el afeitado si procede, el desayuno sin tiempo, el atasco de cada día, las ocho horas siguientes productívamente improductivas, la comida y más carga disfrazada de actividades; hijos, socialización, contactos, negocios... Un completo aturullamiento de rutina automatizada de la mañana a la noche.
Uno no se cuestiona nada de su coteidianeidad y vive sin vivir que decía Calderón, hasta que un día aparece Don Imprevisto y el frenazo que pegamos suena a trompo de película.
Detenemos el "vehículo", ahora sí, conscientes de que estábamos conduciendo y observamos detenidamente esa cosa tan curiosa, extraña, incatalogable y diferente que ha frenado nuestra loca y cómoda rutina. Un acontecimiento acaba de mostrarnos la vida, nos hace pensar, nos hace sentir, nos despierta, nos volvemos conscientes hacia dentro y hacia fuera.
Don Imprevisto tiene muchas formas; puede asustar, sorprender, alegrar, hundir, pegar sopapos, resucitar, poner límites, mostrar el pasado, mostrar el futuro, puede salvar o puede matar, pero lo que nunca hace es dejarte indiferente.
Don Imprevisto está dotado de la capacidad de transformar la vida de aquel que lo experimenta. Es un profesor, es un sabio, puede ser un tirano y parece un psicópata, porque no le importa el dolor que puede causar.
Lo curioso de Don Imprevisto es que aparece cuando le da la gana, eso sí; en un momento de tu vida has deseado que aparezca, nunca lo hace si no es requerido.
Las primeras actuaciones de Don Imprevisto descolocan tu orden; pasas de tener una vida organizada a ver que está todo patas arriba. Te muestra la realidad y de ti depende seguir en ella.
Cuando has visto la realidad y te das cuenta de la insatisfacción que te provoca, la única salida aceptable sería cambiar y convertir la realidad en aquello que te agrada, que te llena, que te hacer ser, que te hace crecer, que te mejora y lo que bajo ningún concepto puedes hacer es ignorarla o mantenerte en el estado que tienes.
Si lo haces pensando que no puedes hacer otra cosa, tal vez sea cierto y no puedas hacer otra cosa, en ese caso vete pensando que te has autosentenciado. Jamás, ni un sólo día del resto de tu vida volverás a descansar. Mientras persistas agonizarás lentamente y tu mismo desearás que todo acabe cuanto antes.
Si Don Imprevisto se presenta en tu vida, mírale. Cambia lo que tengas que cambiar aunque duela y crecerás, mantente en lo mismo y te destruirás lentamente.
Si ha venido es para hacer su trabajo y no se irá mientras no esté concluido. Ante él sólo existen dos opciones, tu elijes cuál quieres.