Páginas
domingo, 18 de diciembre de 2016
SERÁ LO QUE TENGA QUE SER
https://m.youtube.com/watch?v=W4Ykuft5VfQ
Un amigo mío cuando tenía seis años se tomó un tubo entero de pastillas pensando que eran caramelos, estuvo varios días en coma y años después me contó su experiencia.
Lo primero que preguntó cuando se despertó fue: ¿dónde está la chica?
Su madre pensaba que preguntaba por alguna enfermera, pero ninguna de las enfermeras que le habían cuidado durante el coma era la que él había visto.
Cierto día, veinte años más tarde, en una de nuestras conversaciones surgió el tema de las experiencias cercanas a la muerte y él me contó la suya.
Teniendo en cuenta el tiempo que había transcurrido y los posibles reajustes del cerebro, su relato se centraba en un espacio luminoso lleno de calma y donde, en todo momento, estuvo acompañado por una mujer joven que le cogía de la mano y con la que se sentía seguro y tranquilo.
Esa experiencia le había marcado durante toda su vida y para él la vida se había convertido en algo pasajero; un tiempo en un lugar y un estado para pasar a otro estado y otro y otro...
Cuando yo tengo todas esas preocupaciones de la vida cotidiana que no me dejan dormir, suelo llamarle para que me recuerde lo efímero de nuestra estancia aquí, la brevedad del tiempo que nos es dado y lo importante que es la aceptación de uno mismo y sus circunstancias.
Precisamente hoy he recordado a mi buen amigo porque en unas horas estaré en quirófano y, aunque no me da miedo la muerte, me preocupa el dolor y el sufrimiento, me preocupa la falta de control sobre mi vida. Un falso control que a todos nos parece tener y que nos aporta una cierta seguridad, pero que es tan falsa como todo lo material que almacenamos y que no sirve para nada.
En esta vida uno se rodea de gente, de infinidad de cosas materiales, de posesiones, se cuelga medallas por los conocimientos, los éxitos profesionales, las capacidades y una retahíla considerablemente inútil, pero olvida aquello que de verdad es o ha sido importante en su existencia: el amor a su familia, a sus verdaderos amigos, a las mujeres u hombres que han pasado por su vida, a las experiencias sencillas, a los momentos en compañía o en soledad, esos momentos que a uno le hacen darse cuenta de que más allá de esta MIERDA material, así con mayúsculas, hay algo mucho más profundo.
En estos momentos, cuando uno está consigo mismo, lo más importante es el recuerdo de esas experiencias que a uno le han llenado de plenitud: lo que has sentido al contacto con una mano, el primer beso, una mirada, lágrimas de felicidad, comunicación sincera, comunión con otra persona y los pequeños tesoros que la vida nos da para compensarnos por lo que no tenemos: el amor incondicional de nuestras queridas mascotas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario