Páginas

sábado, 8 de octubre de 2016

"NIÑOS EN LA NORMALIDAD"





Hace unos días conocí de primera mano una iniciativa que un grupo de abuelos había puesto en marcha y que personalmente me encanta.
Un grupo de mayores de sesenta años ha decidido enseñar a niños entre seis y doce años los juegos de su infancia.
Con esta iniciativa personas jubiladas están empleando su tiempo de una forma útil en varios aspectos. En primer lugar tenemos el contacto social intergeneracional tan importante para el desarrollo y tan escaso en nuestra sociedad, en segundo lugar nos encontramos con una liberación para unos padres que, por diversos motivos, carecen del tiempo necesario para compartir juegos o experiencias de ese tipo y en tercer lugar consiguen que unos críos conozcan y experimenten la frustración, el afecto, la confianza, la cercanía y toda una serie de experiencias que el juego de grupo y contacto aporta.
Cuando yo era pequeño los niños nos criábamos en la calle, aparentemente nadie se ocupaba de nosotros, pero siempre había algún mayor vigilando que todo estuviese bien.
Los pueblos eran sitios seguros, porque la gente estaba pendiente de los niños aunque no fuesen suyos.
En la actualidad los niños no pueden jugar tranquilos ni en los parques. Estamos acotando su independencia, su desarrollo, estamos poniendo televisores y móviles para que vegeten ante una pantalla y transformándolos en enfermos adictos a una tecnología poco sana.
En mis tiempos los niños hacíamos trastadas, nos rompíamos literalmente los morros a tortas, los más revoltosos sacábamos de quicio a padres, profesores y todo vicho viviente, pero eso era lo normal en un niño sano. Cuando un niño se estaba quieto y no armaba líos, mal asunto, algo le pasaba.
Parezco un abuelo y no lo soy, pero en unos años hemos cambiado tanto esta sociedad que hemos pasado de tener niños movidos a tener niños parados, de tener inquietos a tener estáticos...
Estamos creando niños robotizados, intolerantes a la frustración, de recompensa inmediata, de palabra escasa, carentes de empatía por falta de contacto social y socializador, de palabra abreviadísima y de rabía y frustración mal canalizada. Estamos creando enfermos mentales en cantidades industriales.
Cuando uno lee o escucha que un crío se ha suicidado, que el bullyng (acoso escolar), que los trastornos del comportamiento en menores, etc, se pregunta: ¿cuál es la base sobre la que estamos creando el futuro de nuestros hijos?, SU FUTURO, con NUESTRA COLABORACIÓN.
Educamos los padres, los profesores, los legisladores, los medios de comunicación... por tanto es una labor conjunta de toda la sociedad.
En la prevención de riesgos lo primero que se enseña es a PREVENIR, pues en la educación yo pienso que la prevención, la base, está completamente descuidada y es lo más importante.
Muchos de mis conocidos tienen hijos y sus hijos, seis, diez, doce años, ya tienen móviles, pero no saben qué es "la cadeneta", "el escondite", "el pañuelo", "el pilla-pilla", "las canicas",etc, no saben qué es cortar el pelo al perro del cartero o esconder la hostia al cura, no saben qué es subirse a un árbol, no saben qué es un varagazo o un azote bien dado. En su infancia crecerán super protegidos y nada les faltará; su paga, comida en el plato, las cosas recogidas, ropa, juguetes, móviles y tecnología por un tubo... Estarán en casa de sus padres hasta que se casen o poco menos y todo les será dado hasta que la vida empiece a "dar guantazos" y entonces, ¿qué hacemos?
Volviendo al principio, creo que iniciativas como la expuesta anteriormente hacen albergar la esperanza en que, por lo menos, algún grupo de niños crecerá con normalidad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario