Páginas

lunes, 6 de marzo de 2017

CHASCARRILLO







Francisco Blanco, más conocido como "Santo Pepe ", era uno de esos tipos que no abundan.
El bueno de Pepe, amaneciera como amaneciese, siempre estaba de buen humor. No necesitaba cafeína, ni almuerzo, ni mujer cariñosa, es más; el pobre Pepe tenía por condena a una tal Rosalía Espinosa, rebautizada como "La Espina".
"La Espina" tenía por costumbre aleccionar a todo bicho viviente, aunque la mayor contundencia la dejaba para esos momentos en los que Pepe tenía la necesidad de pasar por el domicilio conyugal.
Pepe, que no era hombre de conflictos, asentía comprensívamente y apuraba con aquello que le mantuviese más tiempo del estrictamente necesario cerca de "La Espina".
Los años transcurrían sin novedad en el frente de aquel matrimonio adaptado a la rutina, y puesto que no tenían descendencia, los ratos eran monotonía pura y dura adornada con  frases cada vez más "económicas".
Un día de esos tontos, un tal Jesús Aguado, "Chus" para los cercanos e  íntimo de Pepe desde el origen del recuerdo para ambos, recibió la visita de su sobrina Sarita, hija de su hermana mayor.
La Sarita andaba ya por los veinticinco  años  y la jodía estaba de muy buen ver, según decía su tío "Chus" siempre que se le presentaba la ocasión.
Pepe y Sarita se conocieron un día de sarao a costa de la peña "Jaranera"; grupo concurrido de amigotes que se juntaban de vez en cuando fuera del control conyugal.
Aún se desconoce como fue la cosa para que Pepe, que ya no era ningún chaval, acabara beneficiándose a la sobrina de su amigo "Chus".
El asunto empezó como suelen empezar estas cosas: a lo tonto. Y a lo tonto Pepe acabó cambiando a "La Espina" por el tierno brote en forma de "Rosa Saritera".
"Santo Pepe", que hasta ese momento no había conocido más suplicio en forma de mujer que a su Rosalía, descubrió su adolescencia tardía y renació tanto que la cuadrilla dejó a un lado lo de "Santo Pepe" y fue rebautizado como "Pepe Casanueva".

No hay comentarios:

Publicar un comentario