My Guitar Lies Bleeding In My Arms
1984, aquel año cumpliste 14 con la adolescencia recién estrenada y con el corazón latiendo más vivo que nunca en presencia de algún chico que te gustaba.
Nunca nos habíamos acercado tanto, nunca habíamos compartido tantos secretos como ese año.
Ese 1984 surgió una buena amistad entre nosotros a pesar de la oposición de tus padres.
Recuerdo aquellas charlas medio a escondidas en la fría tarde de invierno; cuando dejábamos de preocuparnos por tus padres, el tiempo se detenía y la complicidad nos llevaba de la mano por un bonito camino de experiencias compartidas.
Nos convertimos en amigos durante ese invierno. Dos adolescentes, un chico y una chica, que sólo eran amigos comprendiéndose y queriéndose mutuamente, sin más.
¡Lo que es la vida!
El 23 de junio, víspera de la noche de San juan, me contaste que esa noche ibas a poner en la ventana de tu habitación un vaso con agua y la yema de un huevo dentro. Alguien te había contado que al amanecer del 24, si veías un barco dentro del vaso, podrías pedir un deseo y se cumpliría.
Sabes...?, yo también lo hice.
Cuantos sueños, cuantas esperanzas, cuanta ilusión a pesar de los pesares.
Eran las ocho de la mañana del día 24 de junio de 1984 y mi madre me despertó: - Levántate que tu amiga se ha puesto enferma, ¿quieres ir a verla?
Menuda pregunta, ¿cómo no voy a querer ir a verla?
Me levanté disparado y cuando me estaba vistiendo mi madre se acercó para decirme que estaba muy grave.
Las palabras de mi madre me podían engañar, pero los ojos no. Me la quedé mirando fijamente y lloró. Salí corriendo sabiendo con absoluta certeza que no estaba enferma y sin saber lo que me iba a encontrar.
En la entrada de su casa había demasiada gente y los llantos no dejaban lugar a las especulaciones, ese día se había convertido en la noche más oscura.
Subí las escaleras sabiendo que había muerto, sin saber que era la muerte, sin ser consciente de mi propio estado interior en ese momento.
Allí estaba, acostada en su cama como si aún durmiese, rodeada de desolación y llanto.
Mi corazón ahogado en lágrimas buscaba un atisbo de vida en aquel rostro, en aquel cuarto y entonces vi el vaso de agua con la yema dentro colocado en la ventana.
Un rayito minúsculo de sol se coló por la rendija de la persiana casi cerrada e iluminó aquel vaso. Allí estaba depositado el deseo de un corazón puro, esperando a que llegase el amanecer para ser liberado.
Busqué el barco del que me habías hablado y como no lo vi lo imaginé, coloqué tu alma en la cubierta, sobre un lecho de lilas, esas que tanto te gustaban, le pedí al viento un poco de brisa para hinchar las velas y puse un poco de mi corazón en tu alma para recordarte siempre viva, eterna en el universo de un tiempo que compartimos en este mundo.

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