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sábado, 4 de junio de 2016
DEPRESIÓN: LA DESINTEGRACIÓN DE LA ESPERANZA
La depresión es una enfermedad o trastorno mental que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, pérdida de interés por todo y disminución de las funciones psíquicas.
Esta es la definición oficial de la depresión, pero las personas que la han padecido dicen que es una desintegración lenta de la esperanza.
Luchar contra la depresión es como intentar salir de una charca con arenas movedizas; cuanto más lo intentas más te hundes.
La ciencia avanza con una rapidez de vértigo para algunas cosas, pero para otras, por ejemplo curar definitivamente la depresión, parece que están aún en los tiempos prehistóricos.
Como uno tiende, basándose en la experiencia, a ser mal pensado, parece que no hay cura porque no interesa. Es muy cómodo atiborrar de antidepresivos a los pacientes y no hablar demasiado del tema.
Por "suerte", más pronto que tarde, los famosos expertos en todo, esos que opinan técnicamente con palabras rimbombantes y pomposas, dirán que es hora de atajar un problema de salud pública que impide el progreso económico de la sociedad y bla bla bla... Pero mientras tanto, el incremento de las depresiones está suponiendo un gasto considerable para el sistema sanitario en todo el mundo.
La depresión que no se cura completamente, se cronifica y, cuando esto ocurre, el sistema se encuentra con una persona incapaz de desarrollar una actividad normal y por tanto es una persona incapacitada de la que hay que ocuparse.
En este país no se habla jamás de las muertes por depresión y existen. La tasa de suicidio, sobre todo en la depresión masculina, es para poner los pelos de punta.
Las personas que padecen esta cruz, rara vez son capaces de hablar abiertamente de sus penurias internas y menos de pedir ayuda. Son los familiares y los amigos los que se dan cuenta de que algo está pasando.
Uno de los síntomas más significativos de un deprimido es que comienza a aislarse, a encerrarse en si mismo, a meterse cada vez más adentro en su propia cárcel interior, en ese mundo terrorífico del que cada vez es más difícil salir. Es como si el abismo lo consumiese léntamente.
Pierden la esperanza, pierden la ilusión, se sumen en un vacío existencial que les impide ver cualquier rayo de esperanza. La tristeza, la melancolía, la soledad, la dejadez... envuelven su día a día. Para ellos el amanecer no existe, porque en la mayoría de los casos la vida se desarrolla entre el sofá y la cama. En algunos casos, el previo a la gran caída, el alcohol es la escapatoria fácil y por eso existe un porcentaje alto de alcohólicos con depresión o depresivos que acaban alcoholizados.
Una depresión se puede curar con ayuda. Como sabemos existen los antidepresivos y, sobre todo, existe la psicoterapia; una solución más efectiva a largo plazo.
El problema está en que las personas con depresión no se quejan, no se ven y en muchos casos, demasiados casos, los tratamientos ya no sirven, porque se les coge a destiempo y el daño es tan grande que, le digas lo que le digas, hagas lo que hagas, no hay forma de que vuelvan a creer en nada.
Yo que no soy ningún líder de opinión, que sólo soy un ciudadano anónimo que tiene la "suerte", y también la desgracia de hablar de las cosas con conocimiento, quiero pensar que un día no muy lejano se tomen medidas efectivas para paliar los efectos de la depresión en las personas y también en la sociedad como un conjunto de individuos que aportan beneficios desde la salud, sobre todo desde la mental.
Una sociedad que no se preocupa de los problemas mentales de sus ciudadanos, es una sociedad en peligro de extinción.
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