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sábado, 18 de junio de 2016

"AMAR POR COJONES"






Sólo cuento mis experiencias personales cuando creo que pueden ser útiles, por eso voy a contar esta.


Una de las experiencias más intensas que he vivido hasta ahora, fue participar como voluntario en una asociación de niños con autismo y síndrome de Asperger.
Había oído hablar del tema, pero nunca profundicé demasiado en el mismo hasta que la vida me puso en camino.
El desencadenante que me motivó a participar en un campamento de verano con niños autistas, no fue otro que una experiencia personal que me marcó profundamente.
Cierto día estaba haciendo la compra en el súper y había un niño  de cierta edad que era llevado por su madre en un cochecito. Percibí enseguida que tenía alguna dificultad sin saber exactamente que le pasaba. 
Su mirada se quedo fija en la mía y me acerqué, le pregunté su nombre y él sin más me cogió la mano. Su madre le decía que me dejase tranquilo, pero  a mí no me molestaba. Mirando esos ojos comencé a  emocionarme hasta tal punto que no pude evitar las lágrimas, unas lágrimas que  salían de una parte muy profunda y que no podía controlar. 
No me quería soltar y, para ser sincero, yo quería estar con él porque lo que percibí en ese niño me estaba moviendo algo en el estómago. No sé como explicar la ternura, la bondad...estoy escribiendo esto y se me saltan las lágrimas, sobre todo esa mirada; ¡que alma tan grande,  que alma tan pura.!  
Este pequeño tenía un grado importante del síndrome de Asperger; además de las dificultades de comunicación, tenía la movilidad reducida, pero no tenía ninguna dificultad para expresar afecto y sabía como pedirlo.
Me costó dejarlo, me costó despedirme de un alma como la suya y dos años después aún me emociono cuando lo recuerdo.
A raíz de esa experiencia empecé a buscar información sobre el tema y acabé participando como voluntario en los campamentos de verano de una asociación de autismo.
No tenía mucha preparación, solamente una pequeña charla previa y la información que uno busca en los manuales de psicología.
Nervioso perdido me fui para estar dos semanas, a razón de seis horitas diarias, apoyando a un pequeño de ocho añitos. Me tocó el complicado, por suerte, y me volvió literalmente loco, pero me enseñó "álgebra";esa que no te enseñan en ninguna facultad de psicología. 
Mi trabajo con él era apoyarlo y motivarlo para que hiciese sus tareas, vigilarlo e intentar que se relacionase con sus compañeros. Aparentemente algo tan sencillo era misión imposible, porque no había manera de conseguir que se estuviese quieto y las dificultades mayores las tienen a la hora de relacionarse y comunicarse; su estructura mental es diferente a la nuestra, hablan otro lenguaje y ese lenguaje va acompañado de esteriotipias; (movimientos, posturas, voces repetitivas, una especie de ritual), y aislamiento entre otras cosas.
Él es un niño "previsible" hasta cierto punto, eso quiere decir que percibes el momento en el cual algo se activa  y se desencadenan el lío padre, pero siempre puede haber imprevistos.
Cierto día toco piscina y estaba encantado con ir, feliz de la vida. Estuvo preguntando toda la semana, dí tras día emocionado perdido.
Todo bien, jugó, corrió, nos metimos media mañana en la piscina y disfrutó de lo lindo.
Nada hacía presagiar que se desencadenase una crisis, pero con estos niños no puedes ni planificar ni prever; pasa algo en un determinado momento o simplemente no pasa nada y todo cambia de golpe.
Ese día, en un instante todo cambió y se preparó tal pelotera que nos pilló a padres, cuidadores y psicólogos con el pié cambiado.
Como nadie sabía que había pasado, ninguno sabía como manejar la situación. Incluso los  pobres psicólogos se quedaron bloqueados; una cosa es la teoría y otra...
Le preguntábamos que pasaba, intentábamos desviar su atención, etc,   pero la cosa se complicaba por momentos y él cada vez más agresivo, más fuera de control. Como estábamos en un lugar público y la curiosidad de la gente no tiene límites para situaciones "inexplicables", morbosas o violentas, el corro que se formó ya os podéis imaginar; "espectáculo gratis".
No se cómo en un momento dado, sin pensar en lo que hacía, me tiré al suelo y lo abracé a la fuerza intentando masajearle la cabeza suavemente. Me sacudió patadas, puñetazos, quería soltarse, intentaba escurrirse, gritaba como loco... pero como unos tres minutos más tarde comenzó a calmarse y después de varios coletazos "el temporal" empezó a dar paso a una calma más estable.
Una hora y medía más tarde era el mismo de siempre y se comportaba como si no hubiese pasado nada. Los niños tienen esa suerte, los adultos tenemos mucho que aprender de ellos.
Ningún trabajo o deporte me ha provocado semejantes agujetas, pero mereció la pena.
Esta experiencia me enseño que la única fuerza capaz de calmar es la fuerza del amor.
No hay palabras, no hay método, no hay nada que calme tanto y que solucione tanto como "amar por cojones".
Desde ese día tengo un principio: Te voy a amar te pongas como te pongas, aunque me deje la piel, si con ello consigo ayudarte y evito que sufras, seas quien seas y aunque un corro de curiosos mire la escena como si fuese eso un circo.
Si te importan las personas sabes como debes actuar y si no lo haces es porque tienes ese sentido del ridículo que te  limita; -¿qué pensarán de mí si hago tal o cual cosa?
Cuando ves el sufrimiento en alguien y sobre todo si es un niño, nuestros miedos, limitaciones y chorradas varias, por lo menos en mi, se van a la porra directamente, porque es muchísimo más importante su bienestar que mi ridículo.
Si alguien sufre y tu amor lo puede evitar, no lo dudes, entrégaselo; es una cuestión de almas.

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