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sábado, 25 de junio de 2016

APRENDIENDO A DEJAR IR








My Guitar Lies Bleeding In My Arms


1984, aquel año cumpliste 14 con la adolescencia recién estrenada y con el corazón latiendo más vivo que nunca en presencia de algún chico que te gustaba.  
Nunca nos habíamos acercado tanto, nunca habíamos compartido tantos secretos como ese año. 
Ese 1984 surgió una buena amistad entre nosotros a pesar de la oposición de tus padres.
Recuerdo aquellas charlas medio a escondidas en la fría tarde de invierno; cuando dejábamos de preocuparnos por tus padres, el tiempo se detenía y la complicidad nos llevaba de la mano por un bonito camino de experiencias compartidas.
Nos convertimos en amigos durante ese invierno. Dos adolescentes, un chico y una chica, que sólo eran amigos comprendiéndose y queriéndose mutuamente, sin más.
¡Lo que es la vida!
El 23 de junio, víspera de la noche de San juan, me contaste que esa noche ibas a poner en la ventana de tu habitación un vaso con agua y la yema de un huevo dentro. Alguien te había contado que al amanecer del 24, si veías un barco dentro del vaso, podrías pedir un deseo y se cumpliría.
Sabes...?, yo también lo hice.
Cuantos sueños, cuantas esperanzas, cuanta ilusión a pesar de los pesares.

Eran las ocho de la mañana del día 24 de junio de 1984 y mi madre me despertó: - Levántate que tu amiga se ha puesto enferma, ¿quieres ir a verla?
Menuda pregunta, ¿cómo no voy a querer ir a verla?
Me levanté disparado y cuando me estaba vistiendo mi madre se acercó para decirme que estaba muy grave.
Las palabras de mi madre me podían engañar, pero los ojos no. Me la quedé mirando fijamente y lloró. Salí corriendo sabiendo con absoluta certeza que no estaba enferma y sin saber lo que me iba a encontrar.
En la entrada de su casa había demasiada gente y los llantos no dejaban lugar a las especulaciones, ese día se había convertido en la noche más oscura.
Subí las escaleras sabiendo que había muerto, sin saber que era la muerte, sin ser consciente de mi propio estado interior en ese momento. 
Allí estaba, acostada en su cama como si aún durmiese, rodeada de desolación y llanto.
Mi corazón ahogado en lágrimas buscaba un atisbo de vida en aquel rostro, en aquel cuarto y entonces vi el vaso de agua con la yema dentro colocado en la ventana.
Un rayito minúsculo de sol se coló por la rendija de la persiana casi cerrada e iluminó aquel vaso. Allí estaba depositado el deseo de un corazón puro, esperando a que llegase el amanecer para ser liberado.
Busqué el barco del que me habías hablado y como no lo vi lo imaginé, coloqué tu alma en la cubierta, sobre un lecho de lilas, esas que tanto te gustaban, le pedí al viento un poco de brisa para hinchar las velas y puse un poco de mi corazón en tu alma para recordarte siempre viva, eterna en el universo de un tiempo que compartimos en este mundo.


sábado, 18 de junio de 2016

"AMAR POR COJONES"






Sólo cuento mis experiencias personales cuando creo que pueden ser útiles, por eso voy a contar esta.


Una de las experiencias más intensas que he vivido hasta ahora, fue participar como voluntario en una asociación de niños con autismo y síndrome de Asperger.
Había oído hablar del tema, pero nunca profundicé demasiado en el mismo hasta que la vida me puso en camino.
El desencadenante que me motivó a participar en un campamento de verano con niños autistas, no fue otro que una experiencia personal que me marcó profundamente.
Cierto día estaba haciendo la compra en el súper y había un niño  de cierta edad que era llevado por su madre en un cochecito. Percibí enseguida que tenía alguna dificultad sin saber exactamente que le pasaba. 
Su mirada se quedo fija en la mía y me acerqué, le pregunté su nombre y él sin más me cogió la mano. Su madre le decía que me dejase tranquilo, pero  a mí no me molestaba. Mirando esos ojos comencé a  emocionarme hasta tal punto que no pude evitar las lágrimas, unas lágrimas que  salían de una parte muy profunda y que no podía controlar. 
No me quería soltar y, para ser sincero, yo quería estar con él porque lo que percibí en ese niño me estaba moviendo algo en el estómago. No sé como explicar la ternura, la bondad...estoy escribiendo esto y se me saltan las lágrimas, sobre todo esa mirada; ¡que alma tan grande,  que alma tan pura.!  
Este pequeño tenía un grado importante del síndrome de Asperger; además de las dificultades de comunicación, tenía la movilidad reducida, pero no tenía ninguna dificultad para expresar afecto y sabía como pedirlo.
Me costó dejarlo, me costó despedirme de un alma como la suya y dos años después aún me emociono cuando lo recuerdo.
A raíz de esa experiencia empecé a buscar información sobre el tema y acabé participando como voluntario en los campamentos de verano de una asociación de autismo.
No tenía mucha preparación, solamente una pequeña charla previa y la información que uno busca en los manuales de psicología.
Nervioso perdido me fui para estar dos semanas, a razón de seis horitas diarias, apoyando a un pequeño de ocho añitos. Me tocó el complicado, por suerte, y me volvió literalmente loco, pero me enseñó "álgebra";esa que no te enseñan en ninguna facultad de psicología. 
Mi trabajo con él era apoyarlo y motivarlo para que hiciese sus tareas, vigilarlo e intentar que se relacionase con sus compañeros. Aparentemente algo tan sencillo era misión imposible, porque no había manera de conseguir que se estuviese quieto y las dificultades mayores las tienen a la hora de relacionarse y comunicarse; su estructura mental es diferente a la nuestra, hablan otro lenguaje y ese lenguaje va acompañado de esteriotipias; (movimientos, posturas, voces repetitivas, una especie de ritual), y aislamiento entre otras cosas.
Él es un niño "previsible" hasta cierto punto, eso quiere decir que percibes el momento en el cual algo se activa  y se desencadenan el lío padre, pero siempre puede haber imprevistos.
Cierto día toco piscina y estaba encantado con ir, feliz de la vida. Estuvo preguntando toda la semana, dí tras día emocionado perdido.
Todo bien, jugó, corrió, nos metimos media mañana en la piscina y disfrutó de lo lindo.
Nada hacía presagiar que se desencadenase una crisis, pero con estos niños no puedes ni planificar ni prever; pasa algo en un determinado momento o simplemente no pasa nada y todo cambia de golpe.
Ese día, en un instante todo cambió y se preparó tal pelotera que nos pilló a padres, cuidadores y psicólogos con el pié cambiado.
Como nadie sabía que había pasado, ninguno sabía como manejar la situación. Incluso los  pobres psicólogos se quedaron bloqueados; una cosa es la teoría y otra...
Le preguntábamos que pasaba, intentábamos desviar su atención, etc,   pero la cosa se complicaba por momentos y él cada vez más agresivo, más fuera de control. Como estábamos en un lugar público y la curiosidad de la gente no tiene límites para situaciones "inexplicables", morbosas o violentas, el corro que se formó ya os podéis imaginar; "espectáculo gratis".
No se cómo en un momento dado, sin pensar en lo que hacía, me tiré al suelo y lo abracé a la fuerza intentando masajearle la cabeza suavemente. Me sacudió patadas, puñetazos, quería soltarse, intentaba escurrirse, gritaba como loco... pero como unos tres minutos más tarde comenzó a calmarse y después de varios coletazos "el temporal" empezó a dar paso a una calma más estable.
Una hora y medía más tarde era el mismo de siempre y se comportaba como si no hubiese pasado nada. Los niños tienen esa suerte, los adultos tenemos mucho que aprender de ellos.
Ningún trabajo o deporte me ha provocado semejantes agujetas, pero mereció la pena.
Esta experiencia me enseño que la única fuerza capaz de calmar es la fuerza del amor.
No hay palabras, no hay método, no hay nada que calme tanto y que solucione tanto como "amar por cojones".
Desde ese día tengo un principio: Te voy a amar te pongas como te pongas, aunque me deje la piel, si con ello consigo ayudarte y evito que sufras, seas quien seas y aunque un corro de curiosos mire la escena como si fuese eso un circo.
Si te importan las personas sabes como debes actuar y si no lo haces es porque tienes ese sentido del ridículo que te  limita; -¿qué pensarán de mí si hago tal o cual cosa?
Cuando ves el sufrimiento en alguien y sobre todo si es un niño, nuestros miedos, limitaciones y chorradas varias, por lo menos en mi, se van a la porra directamente, porque es muchísimo más importante su bienestar que mi ridículo.
Si alguien sufre y tu amor lo puede evitar, no lo dudes, entrégaselo; es una cuestión de almas.

sábado, 11 de junio de 2016

SI NO CAMINAS PUEDE QUE CORRAS





En algún momento de la vida a todos nos da por pensar en la muerte, bien sea porque surge o como consecuencia de algo que nos lleva a ser conscientes de que tenemos fecha de caducidad.
Vivimos despreocupadamente como si la vida fuese eterna, pero tenemos un cuerpo que se deteriora con el paso de los años, las defensas se debilitan y los achaques dan paso a enfermedades y las enfermedades, en algunas ocasiones, ponen punto final a la duración del cuerpo.
La sensación de vivir, como la sensación del tiempo, viene determinada por la edad y la intensidad. Cuando somos jóvenes el tiempo no pasa, los días son largos y uno se aburre porque la hora no llega. Cuando somos mayores el tiempo parece evaporarse; da la sensación de que se acelera y los años parecen días.
Nuestra percepción del tiempo cambia porque nuestro cerebro aprende, crece, evoluciona, se marchita y también se va apagando lentamente.
La intensidad de la vida digamos que es aquello que la dota de interés y el interés se genera por muchos factores tanto internos como externos; educación, entorno de crianza, círculos cercanos, afectividad, capacidades propias y adquiridas, equilibrio interno, salud...
Las personas somos un complejo universo tanto de mente para fuera como de mente para adentro.
La relación que existe entre el cuerpo y las emociones es indiscutible, por eso cada vez se da más importancia al equilibrio emocional como una de las formas más eficaces de mantener un cuerpo físico sano.
Todos hemos experimentado alguna vez reacciones ante situaciones estresantes; falta de apetito, dolor de cabeza, contracturas en diferentes partes del cuerpo, etc  Desaparece el generador de estrés, desaparecen los síntomas. 
Por desgracia el control del estrés generado como consecuencia de factores externos es difícil de controlar. Por ejemplo; una situación de crisis económica que genera el cierre y la descapitalización de un país, incrementando así el paro en la población, es un factor que nos va generar estrés queramos o no. Podemos minimizarlo centrándonos en lo positivo que rodea nuestras vidas y buscando alternativas a la cantidad de estímulos negativos que nos llegan de todas partes. No olvidemos que en última instancia somos dueños y tenemos la posibilidad de elegir qué escuchamos, con quién estamos, qué vemos, qué creemos, etc
Existe también el estrés que nosotros mismos nos generamos como consecuencia, principalmente, de la incapacidad para resolver, para tomar decisiones y abrir o cerrar etapas que sabemos que hay que resolver, pero que por miles de "peros" adicionales, postergamos de un día para otro por si la vida nos da el tema resuelto.
El  estrés generado por incapacidad es como el pez que se muerde la cola; no actúas porque te sientes incapaz, eso te genera mucho estrés y ese estrés te incapacita para actuar.
Existen síntomas físicos indicativos del grado de estrés que podemos estar aguantando; el grado más leve son las pequeñas molestias cotidianas que van y vienen dependiendo del día. 
Un grado moderado es aquel que te lleva al botiquín para dolores más concretos, pero de origen desconocido; nada físico los provoca.
El grado más grave de estrés es aquel que te arrastra al médico y que requiere medicación para no se sabe qué, casi nunca hay causa evidente.
El grado más pernicioso, el grado mortal, es el estrés crónico; ese que te incapacita físicamente y que puede desembocar literalmente en una enfermedad real o en el tan temido cáncer.
El día que te diagnostican algo serio, comienzas a ser consciente de la brevedad de la vida y del desperdicio que supone no haberla aprovechado para, sobre todo y por encima de todo, ser y hacer felices a los que amas.
Muchos nos pasamos la vida soñando, como en la canción de Sabina "La del Pirata Cojo"
https://www.youtube.com/watch?v=0LKd_fw1h2k&list=RD0LKd_fw1h2k#t=73
nos pasamos la vida inventando mil historias, amando de formas sublimes amores irreales, vistiendo de perfección almas imperfectas, creando mundos de Alicia para las tierras de Mordor, tocando baladas a la luz de unos ojos lejanos y rogándole al viento que le entregue a tu amada las caricias que imaginas, en vez de dárselas en personalmente.
La vida no admite demoras y tiene su ritmo, su tiempo. Lo material perece y las dificultades son cadenas que un cerebro carcelero crea.
A veces la hostia más potente y sanadora para la incapacidad y el desperdiciador de vidas es una sentencia con un tiempo concreto: ¡muévete que se te escapa!


sábado, 4 de junio de 2016

DEPRESIÓN: LA DESINTEGRACIÓN DE LA ESPERANZA




La depresión es una enfermedad o trastorno mental que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, pérdida de interés por todo y disminución de las funciones psíquicas.
Esta es la definición oficial de la depresión, pero las personas que la han padecido dicen que es una desintegración lenta de la esperanza.
Luchar contra la depresión es como intentar salir de una charca con arenas movedizas; cuanto más lo intentas más te hundes.
La ciencia avanza con una rapidez de vértigo para algunas cosas, pero para otras, por ejemplo curar definitivamente la depresión, parece que están aún en los tiempos prehistóricos.
Como uno tiende, basándose en la experiencia, a ser mal pensado, parece que no hay cura porque no interesa. Es muy cómodo atiborrar de antidepresivos a los pacientes y no hablar demasiado del tema.
Por "suerte", más pronto que tarde, los famosos expertos en todo, esos que opinan técnicamente con palabras rimbombantes y pomposas, dirán que es hora de atajar un problema de salud pública que impide el progreso económico de la sociedad y bla bla bla... Pero mientras tanto, el incremento de las depresiones está suponiendo un gasto considerable para el sistema sanitario en todo el mundo.
La depresión que no se cura completamente, se cronifica y, cuando esto ocurre, el sistema se encuentra con una persona incapaz de desarrollar una actividad normal y por tanto es una persona incapacitada de la que hay que ocuparse.
En este país no se habla jamás de las muertes por depresión y existen. La tasa de suicidio, sobre todo en la depresión masculina, es para poner los pelos de punta. 
Las personas que padecen esta cruz, rara vez son capaces de hablar abiertamente de sus penurias internas y menos de pedir ayuda.  Son los familiares y los amigos los que se dan cuenta de que algo está pasando.
 Uno de los síntomas más significativos de un deprimido es que comienza a aislarse, a encerrarse en si mismo, a meterse cada vez más adentro en su propia cárcel interior, en ese mundo terrorífico del que cada vez es más difícil salir. Es como si el abismo lo consumiese léntamente.
Pierden la esperanza, pierden la ilusión, se sumen en un vacío existencial que les impide ver cualquier rayo de esperanza.  La tristeza, la melancolía, la soledad, la dejadez... envuelven su día a día. Para ellos el amanecer no existe, porque en la mayoría de los casos la vida se desarrolla entre el sofá y la cama. En algunos casos, el previo a la gran caída, el alcohol es la escapatoria fácil y por eso existe un porcentaje alto de alcohólicos con depresión o depresivos que acaban alcoholizados.
Una depresión se puede curar con ayuda. Como sabemos existen los antidepresivos y, sobre todo, existe la psicoterapia; una solución más efectiva a largo plazo.
El problema está en que las personas con depresión no se quejan, no se ven y en muchos casos, demasiados casos, los tratamientos ya no sirven, porque se les coge  a destiempo y  el daño es tan grande que, le digas lo que le digas, hagas lo que hagas, no hay forma de que vuelvan a creer en nada.
Yo que no soy ningún líder de opinión, que sólo soy un ciudadano anónimo que tiene la "suerte", y también la desgracia de hablar de las cosas con conocimiento, quiero pensar que un día no muy lejano se tomen medidas efectivas para paliar los efectos de la depresión en las personas y también en la sociedad como un conjunto de individuos que aportan beneficios desde la salud, sobre todo desde la mental.
Una sociedad que no se preocupa de los problemas mentales de sus ciudadanos, es una sociedad en peligro de extinción.