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domingo, 21 de mayo de 2017

SIN TAPUJOS


Hace unos días desayuné con la siguiente noticia:

Holanda practica la eutanasia a una joven víctima de violencia sexual.

Después de leer el contenido en su totalidad, cosa que recomiendo hacer antes de opinar, sólo puedo decir que estoy completamente de acuerdo.
Es más, si las sociedades fuesen humanitarias, mínimamente sensibles al sufrimiento que, en algunos casos, resulta insoportable, el suicidio asistido sería un acto de compasión loable.
Cualquier forma de evitar el dolor y el sufrimiento, tanto físico como mental, es una expresión de sensibilidad, de compasión y de amor al prójimo.
España, el país donde aún pesa como una losa caduca la doctrina y el adoctrinamiento del Nacional Catolicismo, sociedad que se dice progresista.
El asunto no es la presencia adoctrinante y sectaria, lo dramático es el poder que tiene sobre la sociedad y como dicta, campa y controla los puños de aquellos que redactan las leyes represivas que impiden primero vivir dignamente y luego morir en paz.
Para la curia todo es pecado: follar por gusto y ganas, abortar por decisión responsable, suicidar asistídamente a enfermos terminales cuyo sufrimiento es insoportable. Todo pecado condenable con el beneplacito de sus afines en el "volante" del descontrol políticamente correcto. Todo pecado, pero la pederastia es pecata minuta.
Total, esto de la pederastia, son cuatro curillas de na con la bragueta floja y un pelín desequilibrados, pobrecitos ellos, es lo que tiene la abstinencia impuesta, si les dejaran desfogarse con naturalidad...
Todos sabemos que la carne es muy débil; la de unos más que la de otros.
En España condenamos al sufrimiento físico y psicológico sin contemplaciones.
Que cada cual se muera cuando le llegue la hora y no antes, bien jodido, pero así tiene que ser por dictado de la Santa Madre Iglesia; Nacional Catolicista.
Cuando digo condenamos, lo digo conscientes de la responsabilidad que tenemos a la hora de mirar para otro lado, primero cuando votamos y segundo cuando consentimos. Consentimos y condenamos al sufrimiento a nuestros conciudadanos, por acción y por omisión, otorgando el poder a personas que sólo piensan en sus propios intereses.
Cuando se trata del ciudadano de a pié; el que cotiza y mantiene el sistema corrupto a sabiendas, aquel que se jode y al que joden por todos lados, aquel sin medios para costearse tratamientos que mejoren o moderen su dolor, su agonía, su muerte en vida, para este la ley represiva.
¡Amigo mío!, cuando el sufrimiento recae en la casa del poderoso, del que tiene medios y contactos al más alto nivel, del que lleva el "Don" delante del nombre... Entonces la cosa cambia y suicidamos, redactamos leyes expres y lo que haga falta. ¿Cómo vamos a permitir que todo un Señor o Señora, llamados así y tratados así por un enjambre de mantenidos, sufran mínimamente? 
Para todo hay clases en este país, cada día menos país y más sucursal de todo aquel listo que maneja influencias.

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