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martes, 30 de mayo de 2017

FINAL FELIZ

Siempre me han gustado las historias con finales felices, así que ahí va una de ellas que pondrá punto y final a una etapa.

Allá por el año 250 a.C, en la China antigua, cierto príncipe estaba a las puertas de ser coronado emperador, pero antes, debía casarse.
Como el asunto era muy serio, la futura emperatriz debía de ser una joven en la que pudiese confiar ciegamente. Aconsejado por un sabio, decidió convocar a todas las jóvenes de la región.
La sirvienta de mayor edad de palacio tenía una hija que desde siempre alimentaba un amor secreto al príncipe. Al llegar a casa y contarle a su hija la noticia, cual no sería su sorpresa al conocer que ella también pretendía comparecer.
Preocupada la madre por las consecuencias para su hija, le dijo:
-Hija mía, ¿qué harás allí? Estarán presentes todas las jóvenes más bellas y ricas de la corte. ¡Quítate esa idea de la cabeza! Yo sé que sufres, pero, ¡no transformes ese sufrimiento en una locura que sólo te traerá más dolor!
Y la hija respondió:
- Querida madre, no estoy sufriendo y no me voy a volver loca; sé que jamás podría ser elegida, pero es mi oportunidad de estar unos momentos cerca del príncipe, eso ya me hace feliz...aún sabiendo que mi destino es otro.
Cuando la joven llegó a palacio, allí estaban todas las jóvenes más bellas, con las ropas más elegantes y las joyas más caras, dispuestas a luchar de cualquier modo por la oportunidad que se les brindaba.
El príncipe, rodeado de su corte, anunció el desafío:
-Daré a cada una de ustedes una semilla. La que dentro de seis meses me traiga la flor más hermosa será la futura emperatriz de China.
La joven cogió su semilla, la plantó en un tiesto y, como no tenía demasiada habilidad para la jardinería, cuidaba de la tierra con mucha paciencia y ternura, pues pensaba que, si la belleza de las flores surgiera como prolongación de su amor, no tenía que preocuparse por el resultado.
Pasaron tres meses y nada brotó. La joven probó un poco de todo; habló con labradores y campesinos que le enseñaron los más variados métodos de cultivo, pero no consiguió ningún resultado. Cada día su sueño se alejaba más, aunque su amor seguía tan vivo como siempre.
Transcurridos los seis meses nada brotó en el tiesto. Aún sabiendo que nada tenía para mostrar, era consciente del esfuerzo y la dedicación que durante todo aquel tiempo había puesto, así que comunicó a su madre la intención de volver a palacio en la fecha y hora convenidas. Secretamente sabía que aquel sería el último encuentro con el amado y no estaba dispuesta a perderlo por nada del mundo.
Llegó el día de la nueva audiencia. La joven apareció con el tiesto sin planta y vio la gran variedad de hermosas plantas que las demás pretendientes habían conseguido.
Por fin llegó el momento esperado: el príncipe entra y observa a cada una de las pretendientes con sumo cuidado y atención. Después del repaso general, anuncia el resultado: la hija de la sirvienta será su esposa.
Todos los presentes creen que el príncipe se ha vuelto loco y protestan horrorizados: - ¿Cómo puede elegir su majestad un tiesto vacío?
Con la mayor calma, el príncipe se levantó y aclaró la razón de su decisión.
-Esta ha sido la única que ha cultivado la flor que la ha hecho digna de llegar a ser una emperatriz: la flor de la honradez.
Todas las semillas que entregué eran estériles y no podían germinar de ningún modo.






domingo, 21 de mayo de 2017

SIN TAPUJOS


Hace unos días desayuné con la siguiente noticia:

Holanda practica la eutanasia a una joven víctima de violencia sexual.

Después de leer el contenido en su totalidad, cosa que recomiendo hacer antes de opinar, sólo puedo decir que estoy completamente de acuerdo.
Es más, si las sociedades fuesen humanitarias, mínimamente sensibles al sufrimiento que, en algunos casos, resulta insoportable, el suicidio asistido sería un acto de compasión loable.
Cualquier forma de evitar el dolor y el sufrimiento, tanto físico como mental, es una expresión de sensibilidad, de compasión y de amor al prójimo.
España, el país donde aún pesa como una losa caduca la doctrina y el adoctrinamiento del Nacional Catolicismo, sociedad que se dice progresista.
El asunto no es la presencia adoctrinante y sectaria, lo dramático es el poder que tiene sobre la sociedad y como dicta, campa y controla los puños de aquellos que redactan las leyes represivas que impiden primero vivir dignamente y luego morir en paz.
Para la curia todo es pecado: follar por gusto y ganas, abortar por decisión responsable, suicidar asistídamente a enfermos terminales cuyo sufrimiento es insoportable. Todo pecado condenable con el beneplacito de sus afines en el "volante" del descontrol políticamente correcto. Todo pecado, pero la pederastia es pecata minuta.
Total, esto de la pederastia, son cuatro curillas de na con la bragueta floja y un pelín desequilibrados, pobrecitos ellos, es lo que tiene la abstinencia impuesta, si les dejaran desfogarse con naturalidad...
Todos sabemos que la carne es muy débil; la de unos más que la de otros.
En España condenamos al sufrimiento físico y psicológico sin contemplaciones.
Que cada cual se muera cuando le llegue la hora y no antes, bien jodido, pero así tiene que ser por dictado de la Santa Madre Iglesia; Nacional Catolicista.
Cuando digo condenamos, lo digo conscientes de la responsabilidad que tenemos a la hora de mirar para otro lado, primero cuando votamos y segundo cuando consentimos. Consentimos y condenamos al sufrimiento a nuestros conciudadanos, por acción y por omisión, otorgando el poder a personas que sólo piensan en sus propios intereses.
Cuando se trata del ciudadano de a pié; el que cotiza y mantiene el sistema corrupto a sabiendas, aquel que se jode y al que joden por todos lados, aquel sin medios para costearse tratamientos que mejoren o moderen su dolor, su agonía, su muerte en vida, para este la ley represiva.
¡Amigo mío!, cuando el sufrimiento recae en la casa del poderoso, del que tiene medios y contactos al más alto nivel, del que lleva el "Don" delante del nombre... Entonces la cosa cambia y suicidamos, redactamos leyes expres y lo que haga falta. ¿Cómo vamos a permitir que todo un Señor o Señora, llamados así y tratados así por un enjambre de mantenidos, sufran mínimamente? 
Para todo hay clases en este país, cada día menos país y más sucursal de todo aquel listo que maneja influencias.

domingo, 14 de mayo de 2017

AÚN QUEDA ESPERANZA



Para hoy tenía un tema pensado, pero después de ver el festival de Eurovisión he decidido posponerlo.
Me gusta la música, todo tipo de música, y especialmente me interesa descubrir lo que se hace en el resto del planeta y que no suena en las emisoras comerciales. 
En este país quedan algunas "trincheras", esa es la palabra, porque cualquier día desaparecerán, donde aún se puede escuchar buena música, música diferente, música nada comercial y músicos que mal viven de amar lo que crean y les apasiona.
En los sesenta, setenta y ochenta hubo en todo el mundo una creación musical maravillosa, canciones y álbunes de culto, personas y personajes con una creatividad y un sentimiento, con una visión de la vida poco común y que en la actualidad está apunto de extinguirse.
Después de escuchar la canción de Portugal, y sobre todo de comprobar como vota el resto de Europa, aún me quedan esperanzas. 
El idioma no importa, porque la música es un idioma universal. Cuando se canta con sentimiento, desde el corazón, desde el alma, se produce esa conexión especial que nos mueve por dentro y nos conecta a una gran mayoría. Nos llega, sentimos la emoción,  entendemos el significado que encierra la sencillez, la suavidad, el ser y nada más.
No hay más tonterías que adornen, porque no hay nada que añadir, sólo sentir.
Hacía mucho que una canción no me emocionaba, pero ha sido la forma de sentirla y transmitirla lo que realmente me ha emocionado. Nos ha emocionado a millones de personas en toda Europa; aún queda esperanza.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/eurovision-2017/eurovision-2017-portugal-salvador-sobral-canta-amar-pelos-dois/4018697/

viernes, 5 de mayo de 2017

A MI YAYA CON TODO MI AMOR

Hace tan sólo unos días, el lunes de Pascua, una mujer entrañable, luchadora, fuerte, polifacética, generosa sin medida y, a pesar de la retahíla de obstáculos que una vida dura y larga puso en su camino, con un corazón rebosante de amor, un corazón tan hermoso que uno no podía quedarse a su lado sintiendo indiferencia. 
Nos conocimos por una de esas causalidades, porque en las casualidades no creo, y en ese corto espacio de tiempo que la vida nos concedió, pude experimentar, sentir y vivir algo que no conocía, algo que tu me entregaste y que jamás se borrará de mí alma.
Lo tuyo, yaya, fue Amor del bueno: sano, puro, generoso, totalmente entregado, simplemente porque tu eras así amando.
Sabías mirarme más allá de los ojos, sabías ver mis intentos de ocultarte preocupaciones. Sabías escuchar los silencios. Los dos conocíamos aquellos momentos en los que se decía todo sin decir nada.
Mirarte era una entrada directa a tu corazón, lo entregabas todo. Te gustaba el contacto cercano, el tacto, la piel que tanto dice, por eso me gustaba tanto que me cogieses las manos.
Hasta tu sordera, esa que te fastidiaba cuando querías curiosear, tenía su encanto. Había que acercarse a ti para repetirte las cosas despacio, con cariño, con ternura, con amor.
Hoy, yaya, especialmente hoy, no te voy a contar lo que tu ya sabes; hoy te echo de menos aunque te sienta muy cerca, en lo más profundo de este desastre que habito. Hoy una tras otra han salido, intensas y con sabor al recuerdo de nuestra corta, pero como nos gustaba decir a los dos, "intensa historia".
Los dos sabíamos que para amarse no existe edad, no existe tiempo, no existe medida; uno se ama y ya está. Eso hicimos.
Desde que te fuiste ando un poco perdido, y no por "mariposear" con la imaginación, así te gustaba decir; ¿recuerdas?. Esta vez ando perdido porque mi corazón te echa de menos y, sobre todo, porque no encontré el momento para despedirme de ti.
No te pude coger las manos, no te pude mirar a los ojos, no te pude dar uno de esos besos que tanto te gustaban; sin preguntar y por sorpresa. 
Yaya: me hiciste el mayor de los regalos; amar como  se ama a la propia sangre. Sembraste la semilla mas hermosa y ahí crece, en mi corazón, al amparo de tu recuerdo.
Los dos sabemos lo mucho que te gustaban las cartas; más leerlas que escribirlas, pues esta es la expresión de un sentimiento que tu has creado en mí, el más grande, el más puro, el más duradero.
Sé que nos volveremos a ver y, como tu también sabes, el tiempo es un instante en medio de dos besos.
Con todo mi amor para ti.