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domingo, 19 de febrero de 2017

AMOR PLATÓNICO



Jamás he olvidado el primer amor y no lo he olvidado simplemente porque nunca fue.
Mi fantasía adolescente, atiborrada de hormonas, creó la perfección en una persona, con toda seguridad, imperfecta.
Transformé todos sus seguros defectos en certeras virtudes y así, mi corazón dopado, era capaz de percibirla bella, bondadosa, generosa, simpática, soñadora, cariñosa... y un sinfín de adjetivos para alzarla al pedestal de la perfección más subjetiva. Una perfección que jamás pude confirmar o desmentir, puesto que fui víctima de su indiferencia.
Curiosamente eso es lo mejor que una mujer ha hecho por mantener su "santidad" en la mente de un hombre tan mal pensado como yo.
Si me hubiese hecho caso, si me hubiese correspondido, a buen seguro hoy no estaría pensando en ella y escribiendo estas líneas desde el espacio de los buenos recuerdos.
Gracias a su recuerdo inmaculado puedo refugiarme, durante las crisis de hartazgo de esa realidad que llaman amor y deberían  de llamar apareamiento, en aquellos días llenos de inocencia y puros sentimientos no vividos junto a ella.

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