Muchas personas hoy en día padecen ataques de pánico, también conocidos como ataques de ansiedad. Un ataque de pánico es una experiencia muy intensa en la que sin razón aparente comenzamos a sentir miedo, angustia y sensaciones físicas como taquicardia, sudoración, adormecimiento de manos y piernas, dificultad para respirar, etc. En muchos casos quien lo padece no sabe lo que está ocurriendo y esto genera más miedo e incertidumbre.
Cuando nuestro cerebro percibe un peligro, automáticamente dispara una respuesta de alarma conocida como de “huir o pelear”. Lo que hace es preparar al organismo para huir de la amenaza o si esto no es posible, para pelear y salvar nuestra vida.
La función de alarma produce un aumento de actividad de diversas funciones corporales como aumento en la presión arterial, intensificación del metabolismo celular, incremento de glucosa en la sangre, aumento en la coagulación sanguínea e incluso un aumento en la actividad mental. De igual manera la sangre se va a los músculos mayores, principalmente a las piernas, lo cual consigue una mayor concentración de energía que nos permite una escapada rápida si es necesario. El corazón comienza a trabajar a una velocidad muy por encima de lo habitual, llevando rápidamente hormonas como la adrenalina a todo el cuerpo y a los músculos. El sistema inmunológico se detiene, así como todas las funciones no esenciales en el cuerpo,el objetivo es prepararlo para lo que pueda ocurrir: la huida o la pelea.
La música tiene, en el caso concreto de esta chica, el poder de actuar como medio de salida, de protección, de autocontrol, de mecanismo regulador de la angustia. Parece aportarle la seguridad necesaria para afrontar una situación tan estresante como puede ser sentir concentradas sobre ella las miradas de cientos o miles de personas ante su actuación sobre el escenario.
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