Era noche como cada día,
un cálido frío atravesó las palmas cerradas de sus manos abiertas
y el corazón encogido suspiró pereza.
Hastío que vuelas deprisa
entre lechos de hielo y crueldad soñolienta,
agazapado entre ruido
perdido el norte en la pena.
Extraño camino que detienes los pasos que sueñan,
llenando de olvido
recuerdos que piensan.



