Leyenda del Árbol de la Vida
En un recóndito lugar, nació y creció un gran árbol con raíces inmensas, ramas exuberantes y frutos ricos en nutrientes para todos los seres vivos. Tal era su tamaño que cientos de especies de aves se alimentaban de sus frutos y los hombres acudían para tomar semillas que trasplantar y así poder alimentar a sus familias. Además de alimento, aquel Árbol proporcionaba un fuerte poder de regeneración y de longevidad.
El Árbol de la Vida tenía un guardián que apuntaba todo lo acontecido alrededor y actuaba de moderador en caso de incidentes.
Un pueblo guerrero se enteró de las propiedades del Árbol y acudió para arrancar las raíces y llevarlo a sus tierras con la intención de arrebatar a toda la humanidad la gratuidad de aquella fuente de vida y hacerla suya, cobrando en oro y plata a todo aquel que deseara tomar de sus frutos.
Los dioses creadores del Árbol de la Vida se enfurecieron por la avaricia, el egoísmo y la violencia de estos guerreros, así que enviaron un rayo para reducir a cenizas aquella magnífica planta que había alimentado y dado vida a tantas especies en la Tierra.
Las comunidades situadas cerca del emplazamiento sagrado, convocaron a los dioses para rogarles piedad con aquellos que siempre fueron respetuosos con el Árbol de la Vida.
Los dioses fueron bondadosos y ordenaron a una bandada de pájaros que hiciesen resurgir las semillas de las cenizas provocadas por aquel rayo de fuego, esparciéndolas por todos los rincones de la Tierra. De este modo todos los habitantes podían alimentarse de los ricos frutos, aunque ninguno de ellos poseyese la capacidad de regeneración y longevidad del original Árbol de la Vida.
Los dioses, no obstante, realizaron una promesa a los habitantes: concederían las propiedades regenerativas y de vida a los frutos de aquellos árboles cuando los hombres tuvieran el corazón limpio y fueran capaces de ser solidarios los unos con los otros.
Hubo un tiempo de conocimiento, una época donde la sabiduría crecía y se multiplicaba. Hubo un tiempo de filósofos, de pensadores, de humanistas, de inventores, de compositores, de matemáticos, de artesanos, de escritores, de escultores, de arquitectos y constructores, de carpinteros, de médicos, de magos, de duendes, de mitos, de leyendas, de santos, de guerreras...
Hubo un tiempo de mediocridad, de oscuridad, de extremismo, de incultura, de superstición, de crueldad, de miseria, de ostracismo, de envidia...
Hubo un tiempo de avaricia, de ausencia de valores, de desprecio, de vacío...
Hubo una época depredadora donde nada bastaba, donde el deseo no se saciaba nunca, donde los recursos se agotaban, donde la "ceguera" reinaba, donde el dinero era lo único que importaba, donde los humanos eran números...
Hubo una época en cada época.


