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sábado, 21 de mayo de 2016

LO QUE NO TE MATA...






Y ahora... ¿qué?
De tanto en cuanto algunos tenemos que enfrentarnos a esta pregunta después de que un "terremoto" pusiera patas arriba nuestros cimientos de arena.
En el fondo uno sabe que vive una fantasía, aún así sigue apegado y avanza a ciegas sin querer ver, sin querer escuchar "eso"  que avisa desde el interior de uno mismo.
La cuestión es que no es la primera ni la segunda vez que se nos derrumban los "castillos en el aire" y volvemos a edificar, a crear, con una base peligrosa.
Si miro hacia atrás puedo ver que "la placa tectónica" sobre la que se asienta mi existencia se ajusta cada siete u ocho años, provocando un terremoto de proporciones más o menos devastadoras dependiendo de la edad y los recursos para afrontarlo.
No ha sido lo mismo enfrentar el terremoto a los siete que a los catorce que a los veinte, también porque la carga de vivencias que puede provocar un terremoto a los siete no es lo mismo que la carga de uno a los veinte o a los cuarenta. Cuanto más edad mas devastadores son, sobre todo si no quieres ver las señales y hacer caso a lo que la intuición te dice.
Cuando uno se da cuenta de la magnitud que tiene la sacudida, se acojona bastante, sobre todo porque los "terremotos existenciales" de cada uno no duran segundos; no sabes exactamente cuando comenzó todo y no sabes cuando terminará o como saldrás del proceso.
Basándote en experiencias previas, puedes animarte y te repites una y otra vez: -no es el primero y otras veces lo he superado-, aunque la sacudida que estás viviendo y padeciendo te deje al buen optimista que llevas dentro para pocas aventuras.
Si tuviese que hacer un pronostico del desenlace pondría un punto y final, pero con los datos que me proporciona la experiencia, aunque la esperanza esté desaparecida, el optimismo medio muerto, los sueños acabados, el corazón partido y el alma buscando otro cuerpo, creo que todo se puede superar.
Las heridas se curan, dejan cicatrices y proporcionan una gran lección de vida, aunque sea un alto precio a pagar.
Lo que me preocupa del dolor es saber que grado de tolerancia uno puede desarrollar, aunque también sé que las personas lo experimentamos de diferentes formas. Cada uno es cada uno para todo.
Incluso en los momentos más duros, en alguna parte de mi ser, siento que estos procesos forman parte del crecimiento, de la evolución, como he dicho antes, del aprendizaje.
Todos pasamos por situaciones y cada uno con sus recursos, puede enfrentar las adversidades de una u otra forma, en la mayoría de los casos se superan y las personas salimos fortalecidas, mejoradas interiormente, en definitiva: crecemos.




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