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domingo, 13 de marzo de 2016

¿SER O ESTAR?





¿Dónde Estoy "YO"?

Erase una vez un hombre sumamente estúpido -un loco o quizás un sabio- que, cuando se levantaba por las mañanas, tardaba tanto tiempo en encontrar su ropa que por las noches casi no se atrevía a acostarse, sólo de pensar en lo que le aguardaba cuando despertara.

Una noche tomó papel y lápiz y, a medida que se desnudaba, iba anotando el nombre de cada prenda y el lugar exacto en que la dejaba.
A la mañana siguiente sacó el papel y leyó: "calzoncillos..." y allí estaban. Se los puso. "Camisa..." allí estaba. Se la puso también. "Sombrero..." allí estaba. Y se lo encasquetó en la cabeza.
Estaba verdaderamente encantado... hasta que le asaltó un horrible pensamiento:
-¿Y yo...? ¿Dónde estoy yo?. Había olvidado anotarlo. De modo que se puso a buscar y a buscar.... pero en vano. No pudo encontrarse a sí mismo.

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¿Dónde estamos nosotros?, ¿lo sabemos realmente?
Sabemos que estamos en un lugar concreto; ciudad o pueblo, sabemos que tenemos una familia o no, sabemos que tenemos una forma de vida o una forma de mantener una vida, pero...¿sabemos realmente lo que queremos?, ¿queremos realmente lo que tenemos?, ¿somos conscientes de lo que nuestro corazón desea?
Escuchar al corazón, aceptar sus avisos, ser conscientes de que, lo que llamamos intuición, es el deseo basado en el amor por aquello que es la realidad de nuestro sentir.
Resumiendo: nuestro corazón sabe muy bien lo que nos conviene y sufrimos por ignorarlo.
A veces no es compatible nuestro deseo más profundo con las circunstancias que tenemos y entonces nos sentimos infelices, amargados, perdemos nuestras ganas de vivir y la monotonía se asienta en nuestras vidas como un lastre pesado e insoportable.
"Es difícil sentar al corazón y a la mente en una mesa para que mantengan un diálogo", ambos tienen vida propia o eso parece, pero es posible llegar a un punto donde la cabeza comprende los motivos del corazón y el corazón acepta las razones de la mente.
Somos un todo con discrepancias puntuales, discrepancias dadas por factores, en la mayoría de las ocasiones, externos. 
Con frecuencia la sociedad, el entorno, las relaciones personales y la necesidad de aceptación que tenemos, nos inclinan a mantener una imagen, un comportamiento y a manifestar unas opiniones que se alejan bastante de nuestra realidad interna.
Cuando nos quedamos a solas somos la realidad que añoramos o que tenemos, porque muchos si somos coherentes con nuestros corazones y procuramos llegar a acuerdos con nuestra "jefa" la mente.
El principio de la paz interior es alcanzar un alto grado de coherencia entre el corazón y la mente. Sentarlos a dialogar, que razonen y sientan, que sean ellos mismos y evitar por todos los medios "la postura del político".  Seamos tolerantes con nuestras razones, aceptémonos y comprendamos que lo que deseamos de corazón es porque nos hace bien, nos hace felices y nos proporciona los medios para evolucionar  en el ámbito más importante de todos:
en nuestro interior.



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