Se habla de abusos en el seno de la iglesia, de abusos en el entorno familiar, de tráfico de menores por redes de pedófilos. Se habla, se blablablea y poco más, porque si de verdad se tuviera claro el objetivo de acabar con estos; ¿cómo calificarlos?, porque decir depravados es poco, decir psicópatas es menos, decir malvados no es nada comparado con lo que realmente son. Sólo existe un tormento para los que cometen estos actos: ojo por ojo.
Y los de siempre, esos que representan a sus votantes; ¿qué hacen ellos?, nada, pelearse para llenar telediarios, llenarse los bolsillos de intereses y pasear sus Egos por los despachos del mundo.
No son capaces de proteger a los inocentes, intocables y esos son todos los niños, siempre.
Por tanto, cuando veo a la jerarquía de la iglesia pedir perdón por tolerar abusos a menores dentro de sus muros, con su amparo y protección a tanto hijo de satanás con sotana antaño y con vaqueros ahora, sólo se me ocurre una cosa: ATAJO DE INFAMES, TODOS.