Hace años, cuando el bullying era una palabra en el escroto del padre que la engendró, a los chavales que crucificaban a los ratitos, sensibles, diferentes en general... se les otorgaba "manga ancha o carta blanca" por parte de algunos profesores que, a buen seguro, veían un reflejo de si mismos en el matón de turno.
Con esta filosofía, permitían que crujiesen la moral de aquellos que pasaban por sus aulas procurando hacer el menor ruido posible y permitiendo que sus adorados hijos del gran fracaso, matones a son de su silencio cómplice, crujiesen la poca resistencia que eran capaces de oponer los desheredados de su amparo.
En estos tiempos que corren, gracias a todos aquellos hijos de un régimen y de sus propias miserias, investidos con un título, el de profesor o maestro, que tendría que ser sinónimo de valores positivos y ejemplo de bien y buen hacer, comienzan a tomar medidillas, aún no llegan a más, encaminadas a evitar males mayores, que no males; males y malos habrá siempre.
En este país, para no variar, los cretinos de turno, alias dirigentes de sus desorbitadas remuneraciones auto-concedidas, adoptan protocolos para la cámara y cuando les ponen el micrófono delante sueltan el discurso aprendido de carrerilla y redactado por asesores a doblón el minuto, pero arreglar, lo que se dice arreglar... poca cosa.
Con esta lacra, consentida durante demasiado tiempo por mirar para otro lado, se acaba drásticamente o no se acaba.
Y se comienza a adquirir conciencia cuando a un comportamiento se le asigna el calificativo de intolerable con consecuencias. De lo contrario seguiremos con la consabida canción del bla, bla, bla.
El día que se dejen de tanto "tío pásame el río", se acabará el dichoso acoso, mal llamado bullying.
Los que padecimos, amparados por el consentimiento de la autoridad, y fuimos ninguneados por matones baratos de patio, bajo el amparo de "capos" con el título de magisterio regalado en alguna facultad de miércoles, empezaremos a descansar en paz, ya no por nosotros; por los que siguen padeciendo lo mismo que tragamos demasiados niños en este país.
Los tiempos han cambiado mínimamente, aunque por desgracia, sigue habiendo ANIMALES investidos con un título que les viene enorme, incapaces de controlar sus prejuicios con aquellos a quienes deben de educar y proteger; cuanto más débiles, en todos los aspectos, más cuidado, vigilancia y sobre todo protección.
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