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domingo, 26 de noviembre de 2017
UNIVERSO
Habitamos un Universo infinito, nuestro minúsculo planeta es un grano de arena en una colosal playa. Cada especie de este planeta se asemeja a un microbio que desde otros puntos de Universo es imposible distinguir si no es con un microscopio gigantesco y aún así creemos que somos únicos, reyes, dueños y señores de todo lo que existe.
Nos sentimos con derecho a no respetar y pluralizo, porque todos, absolutamente todos, obramos como pequeños tiranos reinando en su pequeña parcela de vida.
Cuando uno piensa mínimamente se da cuenta de una realidad: es imposible que seamos los únicos habitantes de esto que llamamos Universo.
No tiene ninguna lógica pensar que no existen otras especies más y menos avanzadas, ningún razonamiento puede llevar a la conclusión de que somos los seres más avanzados, solamente el miedo y las falsas creencias impuestas consiguen que tengamos el convencimiento absoluto de ser el centro del Universo.
Estamos en una etapa de crecimiento tecnológico y nos parece que somos los descubridores de un progreso que nos facilitará mucho la vida, pero este progreso diseñado para que unos pocos se beneficien en detrimento de la mayoría, es un espejismo. El verdadero progreso, el verdadero crecimiento y la expansión consisten en abrir la mente y mirar más allá de aquello que nos ofrecen masticado, pensar, observar y ser conscientes de que la realidad Universal no se limita a la manipulación interesada por parte de mentes muy primarias.
domingo, 5 de noviembre de 2017
"LA TOSTADA DE MR. MURPHY"
Según la Ley de Murphy, ese recopilatorio a modo de biblia para pesimistas, cuando nos toca la mala racha, no hay dios que la ponga en su sitio hasta que no le llega su momento y, para colmo, a todo le da por salir al revés de lo que uno espera.
Respecto a esto último, hace algún tiempo leí una pequeña historia que voy a transcribir aquí en esta mañana de amargo café; expresión literal puesto que el café sí es amargo.
Un hombre que tomaba, como cada mañana, su café despreocupadamente, se puso a untar la tostada con mantequilla y sin poder reaccionar a tiempo, como accionada por un resorte oculto, la dichosa tostada salió volando camino del suelo.
¡Menuda sorpresa se llevó cuando, al mirar abajo, vio que la mantequilla estaba en la parte de arriba!
-¡Milagro!, exclamó sorprendido, saliendo disparado para contar a sus amigos tan atípico suceso.
A todo el mundo le pareció extrañísimo el acontecimiento, no daban crédito al caso. De todos es bien sabido que el pan untado con mantequilla, cuando cae al suelo, siempre lo hace por el lado de la mantequilla.
Todo eran especulaciones, incluso alguno llegó a plantear la posibilidad de que el hombre fuese un Santo, ante un hecho como aquel que más parecía una señal de Dios que otra cosa.
Entre tantos dimes y diretes, ya se sabe estas cosas, la noticia corrió como la pólvora por toda la comarca y como nadie daba con una respuesta coherente, acertada, creíble, correcta...decidieron ir en tropel a consultar al Sabio Maestro que vivía en una aldea cercana.
Tras escuchar la historia, el Maestro pidió que le dejaran una noche para rezar, meditar, pedir inspiración divina y todas esas cosas que se supone que hacen los Maestros.
Al día siguiente todos madrugaron más que el amanecer, deseosos como estaban de recibir una respuesta y saciar así el desconcierto de su enorme curiosidad.
El Maestro habló: - "Es una solución muy sencilla- dijo. La verdad es que el pan cayó en el suelo exactamente como debía de caer; era la mantequilla la que estaba untada por el lado que no le correspondía."
Respecto a esto último, hace algún tiempo leí una pequeña historia que voy a transcribir aquí en esta mañana de amargo café; expresión literal puesto que el café sí es amargo.
Un hombre que tomaba, como cada mañana, su café despreocupadamente, se puso a untar la tostada con mantequilla y sin poder reaccionar a tiempo, como accionada por un resorte oculto, la dichosa tostada salió volando camino del suelo.
¡Menuda sorpresa se llevó cuando, al mirar abajo, vio que la mantequilla estaba en la parte de arriba!
-¡Milagro!, exclamó sorprendido, saliendo disparado para contar a sus amigos tan atípico suceso.
A todo el mundo le pareció extrañísimo el acontecimiento, no daban crédito al caso. De todos es bien sabido que el pan untado con mantequilla, cuando cae al suelo, siempre lo hace por el lado de la mantequilla.
Todo eran especulaciones, incluso alguno llegó a plantear la posibilidad de que el hombre fuese un Santo, ante un hecho como aquel que más parecía una señal de Dios que otra cosa.
Entre tantos dimes y diretes, ya se sabe estas cosas, la noticia corrió como la pólvora por toda la comarca y como nadie daba con una respuesta coherente, acertada, creíble, correcta...decidieron ir en tropel a consultar al Sabio Maestro que vivía en una aldea cercana.
Tras escuchar la historia, el Maestro pidió que le dejaran una noche para rezar, meditar, pedir inspiración divina y todas esas cosas que se supone que hacen los Maestros.
Al día siguiente todos madrugaron más que el amanecer, deseosos como estaban de recibir una respuesta y saciar así el desconcierto de su enorme curiosidad.
El Maestro habló: - "Es una solución muy sencilla- dijo. La verdad es que el pan cayó en el suelo exactamente como debía de caer; era la mantequilla la que estaba untada por el lado que no le correspondía."
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