Ser emocionalmente inteligentes es ser capaces de etiquetar correctamente nuestras emociones, de manera que podamos discriminar nuestros sentimientos. Es también expresarlos de manera ajustada y con discernimiento. Es regular nuestras emociones y nuestro humor. Es detectar las emociones y los sentimientos del otro a fin de poder prodigar empatía. Es utilizar nuestras emociones para pensar, para actuar. Es ser capaz de motivarnos y persistir a pesar de las decepciones, de controlar nuestros impulsos y de retrasar los placeres inmediatos en beneficio de la satisfacción a largo plazo.
Stephani Hahusseau